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    Salmo 3 — Confianza en Dios en Medio de la Adversidad

    El Salmo 3 tiene una de las introducciones históricas más precisas de toda la colección: 'Salmo de David, cuando huía de delante de Absalón su hijo'. Es uno de los salmos más íntimos porque nace de una de las traiciones más dolorosas posibles — la de un hijo. En ocho versículos, David recorre el camino del lamento a la confianza.

    Texto completo del Salmo 3

    Salmo 3 en Reina Valera 1960:

    "¡Oh Jehová, cuánto se han multiplicado mis adversarios! Muchos son los que se levantan contra mí. Muchos son los que dicen de mí: No hay para él salvación en Dios."

    — Salmo 3:1-2

    "Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; mi gloria, y el que levanta mi cabeza. Con mi voz clamé a Jehová, y él me respondió desde su monte santo."

    — Salmo 3:3-4

    "Yo me acosté y dormí, y desperté, porque Jehová me sustentaba. No temeré a diez millares de gente, que pusieren sitio contra mí."

    — Salmo 3:5-6

    "La salvación es de Jehová; sobre tu pueblo sea tu bendición."

    — Salmo 3:8

    Yo me acosté y dormí: la fe que descansa

    El versículo 5 es extraordinario por su normalidad: 'Yo me acosté y dormí, y desperté'. David, huyendo de su propio hijo que quiere matarlo, rodeado de enemigos — durmió. No el sueño de la indiferencia sino el del que ha entregado el problema a Dios. El salmista puede dormir porque sabe quién guarda mientras él duerme. Esta confianza radical en el cuidado nocturno de Dios resuena con el Salmo 121: 'No se adormecerá el que te guarda'. Dios vela; el salmista puede descansar.

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