La esperanza bíblica no es un deseo vago de que las cosas mejoren. Es una confianza segura basada en las promesas de un Dios que no puede mentir. Cuando las Escrituras hablan de esperanza, se refieren a una certeza anclada en el carácter inmutable de nuestro Señor.
Vivimos en un mundo que a menudo nos roba la esperanza. Las noticias diarias, las luchas personales, las pérdidas inesperadas pueden dejarnos sintiéndonos desanimados y sin rumbo. Pero la Palabra de Dios nos ofrece un fundamento sólido sobre el cual construir nuestra esperanza.
Los profetas del Antiguo Testamento proclamaron esperanza a un pueblo en exilio. Los apóstoles del Nuevo Testamento escribieron sobre esperanza a iglesias perseguidas. El mensaje es consistente: nuestra esperanza no está en las circunstancias presentes, sino en las promesas futuras de Dios.
Estos versículos sobre la esperanza son anclas para el alma. Meditar en ellos regularmente fortalece nuestra fe y nos recuerda que hay un mañana mejor garantizado por Aquel que tiene todo el futuro en Sus manos.