Tres tipos de ley en el Antiguo Testamento
Los teólogos reformados clásicamente distinguen tres dimensiones de la ley mosaica. La ley moral: el Decálogo (Éxodo 20), expresión del carácter eterno de Dios, vigente para todos los tiempos. La ley ceremonial: sacrificios, sacerdocio levítico, fiestas, purificaciones — apuntaban tipológicamente a Cristo y quedaron cumplidas en su persona y obra (Hebreos 10:1). La ley civil: la legislación específica para Israel como nación teocrática — penas, contratos, propiedad — aplicable a ese contexto histórico específico.
"Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan."
— Hebreos 10:1
Los mandamientos de la Iglesia Católica
La tradición católica añade a los mandamientos bíblicos cinco 'mandamientos de la Iglesia' o preceptos eclesiásticos: 1. Participar en la Misa los domingos y días de guardar. 2. Confesarse al menos una vez al año. 3. Recibir la Comunión al menos en tiempo de Pascua. 4. Guardar el ayuno y la abstinencia en los días señalados. 5. Contribuir al sostenimiento de la Iglesia. Estos no tienen el mismo peso que el Decálogo — son normativas disciplinares que pueden cambiar — pero la Iglesia los considera vinculantes para sus miembros.
La ley y el evangelio: gracia, no méritos
El principio fundamental del evangelio cristiano es que los mandamientos de Dios no se cumplen para obtener la salvación — se obedecen como respuesta a la salvación ya recibida. Pablo lo sintetiza en Efesios 2:8-10: 'Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras... porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras.' Los mandamientos señalan el camino del amor; la gracia da la capacidad de andarlo.
"Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas."
— Efesios 2:8-10