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    Los 10 Mandamientos: texto completo y significado bíblico

    Los Diez Mandamientos constituyen el fundamento moral de la fe judeocristiana. Entregados por Dios a Moisés en el Monte Sinaí, estas diez leyes no son simples prohibiciones: son una revelación del carácter de Dios y una guía para vivir en armonía con Él y con el prójimo. A lo largo de los siglos, los mandamientos han moldeado civilizaciones, inspirado legislaciones y, sobre todo, han señalado el camino hacia una vida justa y plena. Te invitamos a conocerlos en profundidad y a reflexionar sobre su vigencia eterna.

    Texto completo de los Diez Mandamientos (Éxodo 20, RVR60)

    Los Diez Mandamientos aparecen en el libro de Éxodo, capítulo 20, como parte del pacto que Dios estableció con el pueblo de Israel tras liberarlo de la esclavitud en Egipto. También se repiten en Deuteronomio 5. Estas palabras fueron escritas por el dedo de Dios en tablas de piedra, lo que subraya su carácter permanente e inmutable. La tradición divide los mandamientos en dos tablas: los primeros cuatro regulan la relación del ser humano con Dios, y los últimos seis la relación entre personas. Esta estructura revela una verdad profunda: no podemos amar bien al prójimo si primero no amamos a Dios, y nuestro amor a Dios se demuestra en cómo tratamos a quienes nos rodean.

    "No tendrás dioses ajenos delante de mí."

    — Éxodo 20:3

    "No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás."

    — Éxodo 20:4-5

    "No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano."

    — Éxodo 20:7

    "Acuérdate del día de reposo para santificarlo."

    — Éxodo 20:8

    "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da."

    — Éxodo 20:12

    "No matarás. No cometerás adulterio. No hurtarás. No hablarás contra tu prójimo falso testimonio. No codiciarás."

    — Éxodo 20:13-17

    Contexto: Moisés en el Monte Sinaí

    Para comprender los mandamientos, es esencial entender el momento histórico en que fueron dados. Israel acababa de ser liberado de cuatrocientos años de esclavitud en Egipto. Eran un pueblo sin identidad propia, sin leyes, sin estructura social. En el desierto del Sinaí, Dios no solo les entregó un código legal: les dio una identidad. Los mandamientos dicen, en esencia: «Ustedes ya no son esclavos; son mi pueblo, y así es como vive mi pueblo». Moisés subió al monte envuelto en nubes y truenos, en una teofanía que dejó claro que estas no eran palabras humanas. Dios mismo descendió sobre la montaña, y el pueblo tembló ante su majestad. Las tablas de piedra simbolizaban la permanencia del pacto: mientras la piedra perdurara, la ley permanecería vigente. Y así ha sido durante más de tres milenios.

    "Todo el monte Sinaí humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en fuego; y el humo subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremecía en gran manera."

    — Éxodo 19:18-19

    "Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios."

    — Éxodo 31:18

    Significado de cada mandamiento explicado

    El primer mandamiento («No tendrás dioses ajenos») establece el monoteísmo como fundamento: solo hay un Dios verdadero, y Él merece nuestra lealtad absoluta. El segundo mandamiento prohíbe la idolatría, no solo de estatuas, sino de cualquier cosa que ocupe el lugar de Dios en nuestro corazón. El tercer mandamiento protege la santidad del nombre de Dios: usar su nombre con frivolidad revela falta de reverencia. El cuarto mandamiento instituye el descanso semanal, un regalo divino que nos recuerda que nuestro valor no depende de nuestra productividad. El quinto mandamiento nos llama a honrar a nuestros padres, reconociendo la autoridad y el sacrificio que representan. El sexto protege la vida humana como sagrada. El séptimo protege el pacto matrimonial. El octavo defiende la propiedad y el trabajo honesto. El noveno protege la verdad y la reputación del prójimo. Y el décimo, quizá el más interior de todos, prohíbe la codicia: el deseo desordenado que es raíz de todos los demás pecados.

    "Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas."

    — Mateo 22:37-40

    Los mandamientos en el Nuevo Testamento

    Jesús no vino a abolir la ley, sino a cumplirla y a revelar su significado más profundo. En el Sermón del Monte, Jesús profundizó cada mandamiento: no solo prohíbe el asesinato, sino también la ira injusta; no solo condena el adulterio físico, sino también el deseo desordenado del corazón. De esta manera, Jesús llevó los mandamientos desde el nivel de la conducta externa al nivel de la intención interior. El apóstol Pablo explicó que la ley cumple un papel pedagógico: nos muestra nuestra incapacidad de alcanzar la justicia por nosotros mismos y nos conduce a Cristo, donde encontramos la gracia que nos transforma. Los mandamientos no pierden vigencia; más bien, en Cristo encontramos la capacidad de vivirlos desde el amor y no desde la obligación.

    "No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir."

    — Mateo 5:17

    "De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe."

    — Gálatas 3:24

    "El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor."

    — Romanos 13:10

    Cómo vivir los mandamientos hoy

    Vivir los Diez Mandamientos en el siglo XXI no significa adoptar un legalismo rígido, sino permitir que el Espíritu Santo transforme nuestro corazón para que el cumplimiento de la ley brote del amor. Poner a Dios primero significa revisar nuestras prioridades diarias: ¿qué ocupa el primer lugar en nuestro tiempo, energía y atención? Santificar el reposo implica desconectarnos del ruido constante y crear espacios de silencio ante Dios. Honrar a nuestros padres se extiende al cuidado de los ancianos y al respeto por las autoridades legítimas. No matar se traduce en valorar toda vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural. No robar incluye la honestidad en el trabajo y en los negocios. No mentir nos desafía en la era de la desinformación. Y no codiciar nos invita a cultivar la gratitud frente al consumismo. Te invitamos a tomar un mandamiento cada semana y meditarlo en oración, preguntándole al Señor: «¿Cómo puedo vivir esto hoy, en mi contexto, con tu ayuda?».

    "Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios."

    — Miqueas 6:8

    "Si me amáis, guardad mis mandamientos."

    — Juan 14:15

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