Texto completo del Salmo 23 (RVR60)
El Salmo 23 es una composición poética que abarca apenas seis versículos, pero cada uno de ellos encierra una verdad espiritual de alcance eterno. David, el autor, utiliza la metáfora del pastor y sus ovejas para describir la relación íntima entre Dios y su pueblo. Este salmo ha sido recitado en hogares, hospitales, funerales y momentos de oración personal, convirtiéndose en un pilar de la devoción cristiana y judía por igual. Su estructura sencilla —pero teológicamente rica— lo hace accesible a niños y adultos, a nuevos creyentes y a quienes llevan décadas caminando con el Señor.
"Jehová es mi pastor; nada me faltará."
— Salmo 23:1
"En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre."
— Salmo 23:2-3
"Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento."
— Salmo 23:4
"Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando."
— Salmo 23:5
"Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días."
— Salmo 23:6
Contexto histórico: David como pastor y rey
Para comprender la profundidad del Salmo 23, es esencial conocer a su autor. David creció en Belén cuidando las ovejas de su padre Isaí. En aquellos campos aprendió a proteger al rebaño de leones y osos, a buscar pastos verdes y aguas tranquilas, a guiar a las ovejas por senderos seguros. Esta experiencia directa como pastor le permitió hablar de Dios con una intimidad que trasciende la mera teología: David sabía lo que significaba arriesgar la vida por sus ovejas porque él mismo lo había hecho. Cuando escribe «Jehová es mi pastor», no está usando una metáfora vacía; está volcando su propia experiencia en una declaración de fe. Más adelante, como rey de Israel, David enfrentó guerras, traiciones y pérdidas devastadoras. En cada una de esas pruebas, el Dios que lo había cuidado en los campos de Belén siguió siendo su Pastor fiel. Esta dualidad —pastor humilde y rey poderoso— da al Salmo 23 una riqueza única: habla tanto desde la vulnerabilidad como desde la autoridad.
"David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca."
— 1 Samuel 17:34-35
Significado versículo por versículo
«Jehová es mi pastor; nada me faltará» (v. 1): La palabra clave es «mi». David no dice «nuestro pastor» en abstracto, sino que hace una declaración personal de confianza. Si Dios es tu pastor, nada esencial te faltará. «En lugares de delicados pastos me hará descansar» (v. 2): En el antiguo Israel, encontrar buenos pastos no era fácil. El pastor debía conocer el terreno, anticipar peligros y llevar al rebaño donde pudiera alimentarse y descansar. Dios hace lo mismo con nosotros: nos conduce a lugares de nutrición espiritual. «Confortará mi alma» (v. 3): El verbo hebreo original implica restaurar, devolver a un estado de plenitud. Dios no solo nos consuela; nos reconstruye. «Aunque ande en valle de sombra de muerte» (v. 4): David no niega la existencia del sufrimiento. Reconoce que hay valles oscuros, pero declara que incluso allí, la presencia de Dios disipa el temor. La vara y el cayado representan protección y guía: el pastor usa la vara para defender y el cayado para dirigir. «Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores» (v. 5): Esta imagen es extraordinaria: Dios prepara un banquete de provisión y honor justo cuando los enemigos están mirando. No espera a que las dificultades pasen; actúa en medio de ellas. «Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida» (v. 6): El salmo cierra con una promesa de perseverancia divina. La bondad y la misericordia de Dios no son episódicas; nos persiguen, nos acompañan, nos alcanzan cada día hasta la eternidad.
"Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas."
— Juan 10:11
"Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo llevará los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente a las recién paridas."
— Isaías 40:11
El Salmo 23 en momentos de dolor y pérdida
Cuando el sufrimiento toca a nuestra puerta —la pérdida de un ser querido, una enfermedad grave, una crisis familiar—, las palabras del Salmo 23 adquieren un peso distinto. «No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo» se convierte no en un concepto teórico, sino en un ancla real para el alma. Generaciones de creyentes han recitado este salmo junto a la cama de un enfermo, en la capilla antes de un funeral, en la soledad de una noche sin respuestas. Y no porque las palabras sean mágicas, sino porque apuntan a una realidad espiritual: el Pastor camina con nosotros incluso cuando no podemos sentir sus pasos. En la tradición pastoral cristiana, se recomienda memorizar el Salmo 23 precisamente para esos momentos en que las palabras propias se agotan. Cuando no sabemos qué orar, cuando el dolor enmudece nuestro corazón, este salmo ora por nosotros. Si hoy estás atravesando un valle oscuro, te invitamos a leer estas palabras en voz alta, despacio, dejando que cada versículo sea una declaración de fe frente a la adversidad.
"Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones."
— 2 Corintios 1:3-4
"Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro."
— Romanos 8:38-39
Cómo orar con el Salmo 23 en tu vida diaria
El Salmo 23 no es solo un texto para leer; es una oración para vivir. Una práctica espiritual poderosa consiste en tomar cada versículo y convertirlo en una conversación personal con Dios. Por ejemplo, al despertar puedes decir: «Señor, tú eres mi pastor; confío en que hoy nada esencial me faltará». Al enfrentar una decisión difícil: «Guíame por sendas de justicia por amor de tu nombre». Al sentir miedo: «Aunque camine por este valle, no temeré porque tú estás conmigo». Esta forma de orar —llamada lectio divina o lectura orante— transforma la Escritura de un texto antiguo en una palabra viva que habla directamente a tu situación actual. Te sugerimos dedicar cinco minutos cada mañana a meditar un versículo del Salmo 23 durante una semana. Descubrirás que sus verdades se profundizan a medida que las habitas. Recuerda que la oración no necesita ser elocuente; necesita ser sincera. El mismo Pastor que cuidó de David en los campos de Belén cuida de ti hoy, en tu hogar, en tu trabajo, en tus luchas y en tus alegrías.
"Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús."
— Filipenses 4:6-7
"Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien."
— Josué 1:8