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    El Padre Nuestro: texto completo, significado y origen

    El Padre Nuestro es la oración que Jesús mismo enseñó a sus discípulos cuando le pidieron que les mostrara cómo hablar con Dios. Registrada en Mateo 6:9-13 y Lucas 11:2-4, esta plegaria ha sido el modelo de oración para millones de creyentes durante dos milenios. Cada línea contiene una profundidad teológica que revela el carácter de Dios, la posición del creyente y las necesidades más esenciales del alma humana. Acompáñanos a recorrer cada petición con reverencia y corazón abierto.

    Texto completo del Padre Nuestro según la Biblia

    El Padre Nuestro aparece en el Sermón del Monte, el discurso más extenso de Jesús registrado en las Escrituras. En Mateo 6, justo antes de enseñar esta oración, el Señor advirtió contra la oración vacía y repetitiva. No prohibió la repetición sincera, sino la palabrería hueca de quienes creen que serán escuchados por sus muchas palabras. El Padre Nuestro no es una fórmula mágica; es un marco que organiza nuestra conversación con el Creador: adoración primero, sumisión a Su voluntad después, y finalmente nuestras necesidades concretas. Al recitar estas palabras con entendimiento, el creyente alinea su corazón con los propósitos eternos de Dios antes de presentar sus peticiones personales.

    "Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén."

    — Mateo 6:9-13

    "Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos."

    — Lucas 11:1

    Contexto: por qué Jesús enseñó esta oración

    Los discípulos observaban a Jesús orar con una intimidad que ellos no conocían. En la cultura judía del primer siglo, las oraciones públicas seguían fórmulas litúrgicas; pero la oración de Jesús era personal, directa, filial. Cuando le pidieron que les enseñara, el Maestro no les dio un ritual, sino una relación: llamar a Dios «Padre» era un acto revolucionario de cercanía. El contexto del Sermón del Monte refuerza esta intención: Jesús confrontaba la religiosidad superficial de los fariseos que oraban en las esquinas para ser vistos. La oración auténtica, enseñó, nace en lo secreto del corazón y se dirige a un Padre que ve en lo secreto y recompensa abiertamente. Este marco relacional transforma la oración de un deber en un privilegio, de un monólogo en un diálogo vivo con el Dios que escucha.

    "Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público."

    — Mateo 6:6

    "Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis."

    — Mateo 6:7-8

    "Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!"

    — Romanos 8:15

    Significado de cada petición del Padre Nuestro

    «Padre nuestro que estás en los cielos» establece la relación: Dios es Padre cercano y, al mismo tiempo, soberano trascendente. «Santificado sea tu nombre» es la primera petición, y no es casual que venga antes de cualquier necesidad humana; reconocer la santidad de Dios ordena todas las demás prioridades. «Venga tu reino» expresa el anhelo de que la justicia de Dios se manifieste aquí y ahora, no solo en la eternidad. «Hágase tu voluntad» es un acto de rendición: ponemos nuestros planes bajo la autoridad de Su propósito. «El pan nuestro de cada día» nos enseña a depender diariamente de Su provisión, sin acumular ansiedad por el mañana. «Perdónanos nuestras deudas» vincula nuestro perdón recibido con el perdón que otorgamos, creando un ciclo de gracia. «No nos metas en tentación, mas líbranos del mal» reconoce nuestra fragilidad y pide la protección divina frente al enemigo. La doxología final —«tuyo es el reino, y el poder, y la gloria»— cierra la oración como empezó: con adoración.

    "Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen."

    — Salmo 103:13

    "Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas."

    — Mateo 6:33

    "Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas."

    — Mateo 6:14-15

    El Padre Nuestro en la vida de los primeros cristianos

    La Didaché, uno de los documentos cristianos más antiguos fuera del Nuevo Testamento, instruía a los creyentes a rezar el Padre Nuestro tres veces al día. Esta práctica muestra que la iglesia primitiva no consideraba esta oración como una pieza litúrgica ocasional, sino como el ritmo diario de la vida de fe. Los primeros cristianos entendían que cada mañana, al mediodía y al anochecer, las palabras de Jesús reorientaban su corazón hacia el Padre. En un contexto de persecución y marginación, decir «venga tu reino» era un acto de esperanza radical. Decir «líbranos del mal» era una súplica concreta frente a peligros reales. La oración del Señor unía a comunidades dispersas bajo una misma voz y una misma fe, trascendiendo barreras culturales y geográficas.

    "Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones."

    — Hechos 2:42

    "Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias."

    — Colosenses 4:2

    Cómo rezar el Padre Nuestro con intención hoy

    Rezar el Padre Nuestro con intención significa detenerse en cada frase y permitir que transforme tu interior. Al decir «Padre nuestro», recuerda que no oras solo: millones de hermanos en la fe elevan la misma oración. Al decir «santificado sea tu nombre», examina si tus acciones honran a Dios. Al pedir «el pan de cada día», agradece lo que ya tienes antes de pedir más. Al decir «perdónanos», trae a tu mente a quienes necesitas perdonar y suelta esa carga. Puedes usar esta oración como la columna vertebral de tu tiempo devocional: comienza con ella, luego expande cada petición con tus propias palabras. Así, el Padre Nuestro deja de ser una recitación mecánica y se convierte en una conversación viva con el Dios que te ama y te escucha.

    "Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias."

    — Filipenses 4:6

    "Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti, y esperaré."

    — Salmo 5:3

    "Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye."

    — 1 Juan 5:14

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