¿Qué es la modestia según la Biblia?
La modestia bíblica es mucho más que una cuestión de vestimenta, aunque también la incluye. Es una actitud integral del corazón que se manifiesta en cómo nos presentamos, cómo hablamos, cómo gastamos, cómo tratamos a los demás y cómo nos relacionamos con lo material. En su raíz, la modestia es una expresión de humildad: reconocer que todo lo que tenemos y somos viene de Dios, y que no necesitamos llamar la atención sobre nosotros mismos para tener valor. Pablo exhortó a los romanos a no tener más alto concepto de sí mismos que el que deben tener, sino a pensar con cordura. Esta «cordura» es precisamente la modestia: una evaluación honesta de nuestras capacidades y limitaciones a la luz de la gracia de Dios. La persona modesta no se menosprecia ni se exalta; simplemente vive en la verdad de quién es ante Dios. La modestia también incluye una dimensión social: es respeto por los demás, consideración por sus sentimientos y una negativa a utilizar la apariencia o los logros propios para manipular o provocar.
"Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura."
— Romanos 12:3
"Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios."
— Miqueas 6:8
"Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra; mas con los humildes está la sabiduría."
— Proverbios 11:2
La modestia en el vestir y la apariencia
Aunque la modestia no se reduce a la ropa, la Escritura sí aborda el tema de la apariencia externa con claridad. Pablo escribió a Timoteo que las mujeres se adornasen «de ropa decorosa, con pudor y modestia», y Pedro exhortó a que el adorno no fuera exterior —peinados ostentosos, joyas excesivas o vestidos costosos—, sino el «interno del corazón». Estas instrucciones no son reglas legalistas sino principios de sabiduría: la apariencia exterior comunica algo, y el cristiano está llamado a comunicar valores que reflejen su identidad en Cristo. La modestia en el vestir no es uniformidad ni austeridad extrema; es la decisión consciente de que nuestra apariencia honre a Dios, respete a los demás y no convierta el cuerpo en un instrumento de vanidad o provocación. Cada cultura y cada época tiene sus propios códigos, y la modestia se vive con discernimiento, no con reglas rígidas universales. Lo esencial es la actitud del corazón: ¿busco llamar la atención sobre mí mismo o señalar hacia Cristo?
"Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad."
— 1 Timoteo 2:9-10
"Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios."
— 1 Pedro 3:3-4
"Porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón."
— 1 Samuel 16:7
Modestia en las palabras y el comportamiento
La modestia se extiende también a cómo hablamos y nos comportamos. La persona modesta no necesita ser el centro de atención en cada conversación, no presume de sus logros ni busca constantemente la validación de los demás. Jesús enseñó que cuando des limosna, no lo hagas «tocando trompeta» como los hipócritas, y que cuando ores, lo hagas en lo secreto, donde solo el Padre te ve. Esta enseñanza no prohíbe las buenas obras públicas, sino la motivación oculta de buscar la admiración humana. La modestia en las palabras también implica evitar la exageración, la jactancia y la crítica destructiva. Santiago advierte que la lengua es un miembro pequeño pero poderoso, capaz de incendiar un bosque entero. La persona modesta habla con verdad, pero también con prudencia; no dice todo lo que piensa ni todo lo que sabe, sino lo que edifica y lo que conviene en cada momento. Esta disciplina verbal refleja una madurez espiritual que solo se alcanza con la ayuda del Espíritu Santo.
"Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas."
— Mateo 6:1-2
"Aun el necio, cuando calla, es contado por sabio; el que cierra sus labios es entendido."
— Proverbios 17:28
"Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad."
— Santiago 3:5-6
Ejemplos bíblicos de modestia
La Biblia nos ofrece modelos poderosos de modestia. Moisés es descrito como «el hombre más manso de toda la tierra», a pesar de ser el líder de una nación entera y el mediador entre Dios y su pueblo. Juan el Bautista, que atraía multitudes con su predicación, declaró con total sinceridad: «Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.» María, la madre de Jesús, recibió el anuncio más extraordinario de la historia y respondió con sencillez: «He aquí la sierva del Señor.» Y el propio Jesús, siendo Dios, «se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo» y lavó los pies de sus discípulos. Estos ejemplos nos muestran que la modestia no es incompatible con la grandeza; al contrario, es la marca distintiva de la verdadera grandeza según Dios. Los que más influencia tuvieron en la historia de la salvación fueron precisamente los que menos buscaron la gloria para sí mismos.
"Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra."
— Números 12:3
"Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe."
— Juan 3:30
"Sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz."
— Filipenses 2:7-8
Cómo cultivar la modestia en la vida diaria
La modestia no es algo que se logre de la noche a la mañana; es una virtud que se cultiva con decisiones diarias y con la gracia de Dios. Aquí te ofrecemos algunas prácticas concretas. Primero, practica la gratitud: reconocer que todo lo bueno viene de Dios nos libera de la tentación de atribuirnos los méritos. Segundo, celebra los logros de otros con sinceridad: la envidia es enemiga de la modestia, y alegrarse por el éxito ajeno la fortalece. Tercero, simplifica tu estilo de vida: reducir la dependencia de las cosas materiales nos ayuda a centrar nuestra identidad en lo que realmente importa. Cuarto, practica el servicio oculto: haz algo bueno por alguien sin que nadie lo sepa; esta disciplina fortalece la modestia interior. Quinto, examina tus motivaciones: antes de publicar algo en redes sociales, de contar un logro o de vestirte de cierta manera, pregúntate honestamente qué buscas. Y sexto, medita en la grandeza de Dios: cuanto más contemplamos Su majestad, más natural se vuelve la modestia, porque entendemos nuestro lugar correcto en el universo.
"Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia."
— Colosenses 3:12
"Riquezas, honra y vida son la remuneración de la humildad y del temor de Jehová."
— Proverbios 22:4
"Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido."
— Mateo 23:12