Versículos para los Buenos Días

Cada día nuestro Padre Celestial nos da sus ricas bendiciones para estar agradecidos y muy felices. Cada nuevo amanecer nos da motivos para alabar a Dios y esforzarnos por vivir vidas que le agraden. Debemos estar agradecidos por cada día de vida que Dios nos concede, reflexionando en ello y pensando siempre que es una gran bendición de nuestro Eterno Creador. Debemos comenzar cada día consagrándolo y dejando todo en manos del Padre Celestial.

Debemos tener esperanza en el corazón

En Isaías 33:2 se nos explica claramente que debemos tener esperanza. Se nos recuerda que debemos pedir misericordia, que Dios es nuestra esperanza  y que Él mismo sea nuestro brazo  y nuestra salvación en tiempos de tribulación. Debemos esperar  siempre en Dios todas las cosas para que el proceso de espera se agradable.

Esperamos amor de parte de Dios

El amor de Dios es uno de los bálsamos más importantes para el alma. Aun cuando no podamos ver a Dios podemos sentir su influencia amorosa cada día. Por ello, en Salmos 90:14 se nos dice que, por la mañana, podemos saciarnos con la misericordia del Señor y podremos cantar con gozo y nos regocijaremos todos nuestros días.

Al recibir el amor de Dios en nuestro diario vivir podemos sentirnos protegidos y llenos de su bondad infinita que nos acompaña siempre.

Dios nunca nos deja solos

El Salmo 17:15 dice en cuanto a mí, veré tu rostro en justicia, estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza. Cada día recibimos no solo la compañía divina de Dios, sino también su amor incondicional que nos alienta a seguir adelante en cada amanecer.  Recibir el amor de Dios y su compañía no tiene precio, pero debemos ser dignos siempre de recibirlo todos los días mediante nuestras buenas acciones.

Dios es fiel

La fidelidad de Dios es infinita, no existe una manera de comparar su fidelidad con la de alguien más. Cada día podemos darnos cuenta de su fidelidad al mantenernos con bienestar y salud para continuar cada día. Es así como de manera  clara se nos enseña en Lamentaciones 3:22-24 en cuanto a este tema. Por la misericordia de Jehová, no hemos sido consumidos, porque nunca terminan sus misericordias. Nuevas son cada mañana, grande es su fidelidad. Mi porción es Jehová, dijo mi alma, por tanto en Él esperaré. Dios es fiel y siempre debemos esperar el cumplimiento de sus promesas cada día.

Amar a sus creaciones

Debemos dar gracias infinitas a nuestro Creador por todo lo que ha hecho por nosotros. Por la belleza de cada amanecer, por la luz de sol que nos calienta y nos fortalece. La belleza de sus creaciones son gotas de felicidad para cada día admirar. Todo fue hecho en su justa medida y así Él lo decidió, todo lo que ha creado es bueno y nos hace felices en cada momento. En Génesis 1:4-5 Dios consideró que la luz era buena y la separó de las tinieblas. A la luz llamó día y a las tinieblas noche. Todo esto fue creado el primer día y se regocijó en ello.

Debemos cuidar nuestra alma

Para el Señor todos sus hijos son preciosos, por tanto cada alma para Él es preciosa y muy amada. Su invitación es a que estemos siempre en constante renovación, que nos sintamos alegres cada día que comienza, porque siempre es una nueva oportunidad que se nos presenta. Tal como lo dice Salmos 57:8, despierta gloria mía; despertad, salterio y arpa, me levantaré al romper el alba. Estar felices nos hace sentir bien y despertarnos alegremente en cada amanecer nos nutre el alma.

Ser agradecidos con Dios y hacerlo saber a los demás

Cada día cuando amanece, es un momento de regocijo para sentirse bien y empezar con mucha energía. Debemos agradecer a Dios por todo lo que nos concede y otorga cada día. Compartir ese  gozo con otros nos hace ser dadivosos y gentiles con otras personas al hacerles llegar el amor de nuestro Dios por las buenas cosas que ha hecho por nosotros. Tal como lo dice Salmos 92:1-2, bueno es dar gracias a Jehová y cantar alabanzas a su nombre, oh Altísimo; anunciar por la mañana su misericordia, y su fidelidad por las noches.

Nuestra confianza siempre en Dios

Confiar en Dios es la medicina más efectiva que podemos tomar cada día que nos levantamos. Su infinita gracia nos hace tener la seguridad de estar bien si estamos haciendo todo bien. Por las mañanas, que nuestro corazón rebose de gratitud y confianza para empezar el día con buen pie. En Salmos 143:8 se nos hace una categórica reflexión al decirnos que nos haga podemos oír por la mañana su misericordia porque en Él confiamos, que se nos haga saber el camino por donde andar, porque a Él elevamos nuestra alma. Que cada día confiemos en el Señor.

Orar a Dios y tener la certeza de ser escuchados

En el Salmo 5:3 habla acerca de que por la mañana Jehová oirá nuestra voz y de mañana nos presentaremos a Él y esperaremos. Nuestra satisfacción diaria debe ser levantarnos y dirigirnos a Dios en oración para empezar el día sintiendo que somos escuchados. El dueño de esta tierra, de este mundo, nos ayudará y seremos bendecidos mediante su gracia y sagrada voluntad.

Quien sirve al prójimo sirve a Dios

Hay que procurar servir a los demás, ya que en el servicio podemos encontrar gozo al ayudar a otros que lo necesitan. Si el servicio a los demás es un ejercicio diario alimentaremos el alma y fortaleceremos nuestra relación con los demás. Debemos procurar servir a los demás para que otros también puedan sentir alegría al ayudarnos a nosotros. Proverbios 31:15 dice que si nos levantamos aún de noche podemos dar comida a nuestra familia y tarea a nuestras criadas. Podemos servir desde las tempranas horas de la mañana con alegría y buen ánimo.

Trabaja con fuerza y ánimo

Al levantarnos cada día cultivemos el espíritu de lucha diaria para enfrentar los retos con energía positiva y de la mano de Dios. Nuestras responsabilidades debemos cumplirlas a cabalidad para que el gozo al final de la jornada sea grande y meritorio. Aprovechar el día con el mayor tesón es la clave para tener éxito,  siempre pidamos a Dios que nos ayude a aprovechar el tiempo y que el día sea victorioso. En Eclesiastés 11:6 se nos invita a aprovechar al máximo las horas del día cuando se nos dice que procuremos sembrar nuestra semilla en la mañana y al atardecer no dejar reposar nuestras manos, porque no sabemos qué es lo mejor, si esto o lo otro, o si ambas cosas son igualmente buenas.

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