Tres personajes bíblicos transformados por el perdón de Dios

El “Perdón” es saber disculpar a aquella persona que ha cometido una ofensa. En la Biblia, ésta palabra se interpreta como “dejar pasar”, es decir, desistir a la cancelación de una deuda. En muchas ocasiones el perdón para el ser humano es un proceso que tarda mucho tiempo. Pues implica abandonar toda clase de resentimiento y evitar exigir ser compensados por el daño que se haya hecho.

No saber perdonar ni querer pedir perdón afecta la cotidianidad, se convierte en una maleta muy pesada, cargada de piedras que dificulta el poderse mover. Sin embargo existe una manera de librarse de ese peso y es a través del amor. Para perdonar y ser perdonado no debe existir condición. Dios lo enseña a través de su Palabra, La Biblia, el cual expresa que la base del perdón es el amor sincero, ya que el amor no toma en cuenta el daño ni posiciona condiciones.

“Tener amor es saber soportar; es ser bondadoso; es no tener envidia, ni ser presumido, ni orgulloso, ni grosero, ni egoísta; es no enojarse ni guardar rencor” (1 Corintios 13:4, 5).

A continuación conocerás un poco de la historia de tres personajes bíblicos que a pesar de que en algún momento de sus vidas actuaron de mal forma dándoles la espalda a Dios, Él les perdona y los trata de  especial manera.

María Magdalena

María, cuyo nombre significa “preferida de Dios” nació en Galilea en un lugar llamado Magdala de donde deriva su nombre María Magdalena. Tenía dos hermanos Lázaro y Marta juntos pertenecían una familia rica.

Dejándose deslumbrar por los placeres del mundo María se hizo una pecadora pública. Cierto día inspirada por la gracia de Dios, se acercó a Jesús para pedir perdón de todas sus faltas.

Jesús se encontraba en casa un fariseo, que le había invitado a comer. María apenas lo vio se arrojó a sus pies, lavándoselos con sus lágrimas y enjuagándolos con sus cabellos y además perfumándolos con bálsamo. Los Fariseos vieron esto con malos ojos por tratarse de una pecadora, sin embargo, Jesús como Dios, conociendo sus pensamientos la recibe y perdona. Pues “Al que mucho ama, mucho se le perdona” (Lucas 7:36-24:53).

 Quedando profundamente agradecida, María comienza a servirle con sus bienes y se convierte en cierta forma en uno de sus discípulos. En ese transcurrir Jesús movido por sus ruegos resucita a su hermano Lázaro. A demás es ella quien junto a su Madre asiste y acompaña a Jesús cuando fue crucificado.

También fue Magdalena una de las primeras personas (que a pesar de haber sido tan pecadora pero luego demostró un profundo arrepentimiento) a quien se le aparece Jesús luego de su resurrección y es ella la encargada de comunicar tan grande noticia. Quedando demostrado así la gran Misericordia de Dios.

Pedro el apostol

Simón Pedro perteneciente a una familia de pescadores, originario de Betsaida (Juan 1:44) fue uno de los primeros seguidores de Jesús,  llegó a ser uno de sus discípulo  más cercanos, considerado luego una «columna» de la iglesia (Gálatas 2:9). En cuanto a su personalidad era de carácter impulsivo, con gran entusiasmo y hasta un poco obstinado.

Por medio de su hermano Andrés conoció a Jesús (Juan 1:35-36) y Éste al conocer a Simón, le otorgó un nombre nuevo: “Cefas” en arameo o lo que es igual a “Pedro” en griego, que quiere decir «roca» (Juan 1:40-42).

El hecho determinante para que Pedro decidiera ser seguidor de Jesús fue el de la pesca milagrosa (Lucas 5:1-11).  A pesar de sus defectos el Señor lo eligió y poco a poco fue moldeándolo para la misión que Él quería que cumpliese. Llegó a pertenecer al círculo íntimo de los apóstoles.

Un episodio que marca de especial manera la vida de Pedro es lo sucedido en la última cena y lo que vendría en consecuencia. Pues reunidos con Jesús todos los discípulos, en lo que se conmemora como la última cena, estos comienzan a preguntarse quién de ellos se convertiría en el más importante.  A lo que Jesús responde claramente “que en su reino el más importante es el que sirve”, y además les motiva para que sigan sirviendo a los demás así como Él sirvió, seguido de esto, dirige a Pedro unas palabras.

    “Dijo también el Señor: Simón, Simón, mira que Satanás los ha pedido a ustedes para sacudirlos como si fueran trigo; pero yo he rogado por ti, para que no te falte la fe. Y tú, cuando te hayas vuelto a mí, ayuda a tus hermanos a permanecer firmes. Simón le dijo: Señor, estoy dispuesto a ir contigo a la cárcel y hasta morir contigo. Jesús le contestó: Pedro te digo que hoy mismo, antes que cante el gallo, tres veces negarás que me conoces” (Lucas 22:31-34).

Y así sucedió, en el momento que Jesús es arrestado y llevado a la casa del sumo sacerdote, Pedro en tres oportunidades niega haberlo conocido. Al considerar momentos después lo ocurrido, es decir, su falta de lealtad para con Jesús, sintió un amargo y profundo dolor de corazón.  

Luego de la resurrección de Jesús, en uno de sus encuentro, Éste le en tres ocasiones le pregunta a Pedro “¿me amas?” y Pedro respondió en cada oportunidad “Si Señor, sabes que te amo” a lo que Jesús cada vez complementó encomendándole “apacienta mis corderos y cuida de ellos” (Juan 21:15-19).

Con ésta expresión Jesús perdona a Pedro pues el sentirse humillado frente al pecado su orgullo desapareció y le ayudó para ser “humilde siervo del Señor”, como dijo Benedicto XVI.

Pedro se convirtió entonces en uno de los primeros y entre los más importantes líderes cristianos. Gracias a sus actitudes, perseverancia y fidelidad en hacer conocer el mensaje de salvación  la iglesia creció.

El apóstol Pablo o Saulo de tarso

Saulo era un fariseo que nació en Tarso. Destacado en el conocimiento de las leyes judías y sentía repulsión por los cristianos. Tanto que sin importar que fuesen hombres o mujeres les sacaba de sus casas arrestándolos, para luego hacerlos presos en la cárcel.

Fue testigo de la muerte del discípulo Esteban a quien un grupo de personas ciegas por la furia le mataron a pedradas.

Pero Saulo a pesar de todo eso ya no solamente se conformaba con amedrentar a los cristianos de Jerusalén. Sino que además solicitó, ante el sumo sacerdote, poder trasladarse a Damasco para continuar ahí su persecución a los cristianos.

Saulo logró emprender su viaje, en el camino, justo antes de llegar a Damasco fue sorprendido y deslumbrado por una fuerte luz que brilló a su alrededor, el cual lo hizo caer al suelo y quedar ciego. Y repentinamente escuchó una voz que le decía: “Saulo, ¿por qué me persigues?”. Saulo le preguntó: “¿Quién eres?”. La voz le respondió: “Soy Jesús. Ve a Damasco, y allí te dirán lo que tienes que hacer”. En ese momento, Saulo quedó ciego, y lo tuvieron que llevar de la mano hasta la ciudad (Hechos 9: 3-8).

Ananías un cristiano muy fiel de Damasco, a través de una visión Jesús le dijo: “Ve a la casa de Judas, en la calle llamada Recta, y busca a Saulo”. Ananías respondió: “Señor, he oído muchas cosas sobre este hombre. Él está metiendo a tus discípulos en prisión”. Pero Jesús le dijo: “Ve adonde él, porque he elegido a Saulo para que predique las buenas noticias de Dios en muchas naciones”(Hechos 9:10-16).

Este cumpliendo los deseos del Señor acudió al lugar donde Saulo se encontraba y le dijo: “Saulo, hermano, Jesús me ha enviado para que puedas volver a ver”(Hechos 9:17,18). Inmediatamente después Saulo logró ver de nuevo. Esto logró en él una conversión de corazón, que lo indujo a querer saber más de Jesús convirtiéndose luego en su seguidor. Fue bautizado y comenzó a predicar junto a sus nuevos amigos cristianos en las sinagogas.

Los siguientes tres años Saulo se mantuvo predicando en Damasco. Y ahora los judíos le odiaban hasta el punto de planear su muerte. Gracias a sus hermanos que lograron enterarse este plan no pudo ser consumado, Lograron bajarlo en una canasta a través de un hueco de la muralla de la ciudad.

Al regresar a Jerusalén Saulo trato de buscar a sus hermanos peros estos presos del miedo no permitían ser visto por él. Bernabé un excelente discípulo que logró convencer a todos de que Saulo realmente había cambiado. Éste comenzó a predicar junto a la congregación de Jerusalén, haciéndolo con entusiasmo y sincero amor a Dios. Al trascurrir del tiempo las personas comenzaron a llamarlo Pablo.

Con estos hechos queda claro que a pesar de los terribles y numerosos que sean los pecados cometidos, se puede alcanzar el Perdón misericordioso de Dios si se muestra un verdadero y profundo arrepentimiento y la convicción de enmendar los errores. Porque simplemente Dios es así, colmado de infinito amor y perdón, esperando en todo momento y anhelando que todos se acerquen llenos de humildad a su presencia. Además de otorgar el perdón Dios también da un nuevo propósito de