Promesas de Dios como guía para una vida favorable

Ya a partir de la creación del mundo, Dios manifestó algunas condiciones para que el desenvolvimiento de los habitantes del mismo se llevara a cabo con armonía y paz, estableciendo a la vez una especie de pacto, que contenía promesas de su parte, para garantizar una sana vida terrenal y una gloriosa vida eterna.

Las promesas de Dios están contenidas en lo que comúnmente se conoce como su Santa Palabra, la cual ha sido trasmitida de diferentes maneras. En ocasiones por apariciones divinas, como la anunciación del nacimiento de Jesús, o a través de la palabra de los profetas, o en revelaciones a través del Espíritu Santo, y en gran cantidad por los testimonios vividos durante la vida de Jesús entre los hombres.

La mayor parte de estas promesas están contenidas tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento y su lectura y enseñanzas, ha permitido a aquellos que tienen fe, vencer dificultades y obtener fortaleza espiritual para enfrentarlas, teniendo siempre la firma creencia que Dios cumple lo prometido.

En qué consisten las promesas de Dios

Son las innumerables declaraciones que Dios ha trasmitido, de diferentes maneras, a los hombres y de las cuales se tiene la certeza que serán cumplidas (Corintios 1:19-20) dado el carácter todopoderoso que Él tiene; sin embargo, debe tenerse en consideración que también deben ser cumplidas por parte de los humanos, ciertas condiciones previamente establecidas.

Las promesas de Dios tienen injerencia en los diferentes aspectos de la vida de toda la humanidad y siempre han sido hechas en beneficio de los hombres, recibiendo Dios a cambio la satisfacción de que sus exigencias son cumplidas con amor y desprendimiento para así glorificarlo.

¿Se cumplen siempre las promesas de Dios?

Dios siempre cumple lo prometido, por tal razón nunca se debe poner en duda su palabra. Ya en el Antiguo Testamento se dice: «Reconoced, pues, con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma, que no ha faltado una palabra que Jehová vuestro Dios había dicho de vosotros; todas os han acontecido, no ha faltado ninguna de ellas» (Josué 23: 14).

Es tal la certeza del cumplimiento de las promesas de Dios, que las mismas nunca las ha cambiado o modificado, al contrario llaga a expresar que no olvidará lo prometido (Salmo 89:34).

 Las promesas de Dios están contenidas en la Biblia

Cumpliendo los mandatos fundamentales contenidos en las Tablas de la Ley entregadas a Moisés, se puede tener la convicción que llegará a nosotros lo prometido por Dios y que de una manera u otra, está contenido en la Biblia.

Como ejemplo se puede enumerar algunas de las promesas más conocidas. Así tenemos que ha prometido el perdón a nuestras faltas (Juan 1:9), dar solución a nuestras necesidades (Filipenses 4:19), liberarnos de las tentaciones (Corintios 10:13), otorgarnos salud y curación (Jeremías 30:17), convivir y mantenerse en paz (Isaías 26:3), hacer acciones imposible e inexplicables para la mente humana (Lucas 18:27), la resurrección de los hombres (Juan 5:28-29), la vida eterna (Juan 2:25), la nueva venida de Jesús (Juan 14:2-3) y el fin de los sufrimientos, incluidos el dolor, las enfermedades y la muerte, cuando expresa en Apocalipsis 21:4:  «Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron».

Promesas generales y promesas específicas

En las Sagradas Escrituras hay diversidad de promesas, pero debemos ver que existe una diferenciación entre la mayoría de ellas que van destinadas a todo un conjunto de personas y que pueden denominarse promesas generales y aquellas, en menor número, referidas a personas o casos particulares y que pueden recibir el nombre de promesas específicas.

Entre las promesas generales están el ofrecimiento de perdonar los pecados (Juan 1:9), dejar en manos de Dios nuestras preocupaciones (Filipenses 4:6), mantener nuestros pensamientos y corazones bajo el poder de divino (Filipenses 4:7).  

Las promesas específicas están dirigidas a personas determinadas en momentos muy precisos. Así se lee en Lucas 2: 35 que Dios dice: «y una espada traspasará tu misma alma…», palabras estas dirigidas a María, Madre de Jesús. En Hechos 13:47, se expresa una promesa hecha a Isaías en referencia de Jesús, pero que el apóstol Pablo la hizo suya para ser guiado en su misión de hacer el Evangelio del conocimiento de los gentiles.

Particularidades de las promesas de Dios

Las promesas de Dios comúnmente están precedidas la palabra “Si”, esto le da una connotación de condicional y se observa más que todo en las promesas de tipo general. Ese carácter condicional es debido a que el cumplimiento de las mismas por parte de Dios depende de la respuesta del ser humano ante las exigencias o mandatos divinos.

Otra particularidad es que no tienen un momento preestablecido para ser cumplidas; es decir, no podemos pretender conocer cuándo ni cómo se harán realidad.

Por otra parte, las promesas divinas no obedecen a nuestra voluntad, no se hacen realidad cuando nosotros queremos o consideremos que es el momento que se cumplan. Por el contrario, dichas promesa están sometidas a la voluntad de Dios, condición que no ayuda a confiar plenamente en Él.

Confianza en las promesas divinas

En oportunidades se presentan dudas en relación al cumplimiento de las promesas de Dios debido a que se interpreta que transcurre demasiado tiempo en verse dicho cumplimento. Ante esto se debe tener presente como premisa principal que Dios nunca miente y en segundo lugar, se debe recordar que en asuntos divinos el tiempo es infinito; es decir lo que para los hombres un lapso de tiempo puede parecer muy prolongado, para Dios es un instante. Todo esto conduce a que se debe tener mucha paciencia en la espera de las promesas de Dios y que teniendo fe, con toda seguridad serán cumplidas.

En base a las promesas es costumbre dirigirse a Dios solicitando su ayuda en la resolución de problemas que nos aquejan a diario y todos deseáramos que estos se solucionaran de inmediato. Como generalmente esto no sucede así, tendemos a perder la esperanza y muchas veces a renegar ante Dios. Esto constituye un gravísimo error, ya que demuestra que nuestra poca fe.

Se debe solicitar cualquier asistencia de Dios recordando que todo se hace según su voluntad y no de acuerdo a la voluntad nuestra. Eso demuestra la confianza que en Él tenemos (Juan 5:14), que ante cualquier pedido nuestro siempre nos escucha de acuerdo a su voluntad.

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