Frutos del Espíritu Santo

El Espíritu Santo es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad y se recibe por medio de nuestra fe en Jesucristo y obra en nosotros a través del amor divino (Ef. 1:13; 3:16-17; Ga. 3:2,5). Dios es amor y a través del Espíritu Santo recibimos su amor en nuestros corazones. Él es quien permite que nazca la fe en nuestras vidas y por El podemos llegar al hijo y luego al Padre.

Frutos del Espíritu Santo 1

La misión del Espíritu Santo es  que nos encontremos con  Jesucristo y demos  frutos en nosotros por medio de la fe y el amor, revelando los  dones cristianos en nuestras vidas y  permitiendo que Dios obre en nuestras almas y en nuestros corazones.

Es el apóstol Pablo quien menciona los frutos del Espíritu Santo en su carta a los Gálatas. Estas virtudes son: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza (Gal.5:22,23).

Para que el Espíritu Santo habite en nosotros y pueda dar sus frutos es  esencial la conversión de la persona, su fe, sus obras y su oración, que cumpla con amor los mandamientos de Dios y sobre todo que esté  limpio de corazón y en comunión con Nuestro Señor Jesucristo, sus enseñanzas y su ejemplo.

Los frutos del Espíritu Santo son virtudes que se manifiestan en los verdaderos cristianos y nos permiten la unidad y la perfección en Jesucristo,  ayudándonos  a triunfar frente a las debilidades o tentaciones. Estas virtudes se basan en el amor y se manifiestan como un todo, nunca por separado, porque estos atributos son completos y perfectos, de allí que “ningún árbol bueno puede producir malos frutos, todos son buenos“(Mt 7:17)

Los frutos del Espíritu Santo son nueve virtudes:

    1 El Amor

    2 El Gozo.

    3 La Paz.

    4 La Paciencia.

    5 La Benignidad.

    6 La Bondad.

    7 La Fe.

    8 La Mansedumbre.

    9 La Templanza.

A continuación encontraremos una corta explicación de cada virtud

El Amor

El amor es la esencia de Dios, porque Dios es amor; siendo este el mayor tributo que podamos recibir como hijos de Dios. A través del amor podemos alcanzar todos los dones magisteriales.

El amor puro e incondicional proviene de la palabra griega ágape y esta es la palabra que usa san Pablo para enunciar el primer don de la lista del fruto del Espíritu Santo y significa también,  afecto, buena voluntad, benevolencia y la actitud sincera de buscar el bienestar del otro por encima del bienestar propio.

El amor es el fundamento de toda comunión con Jesús a través del Espíritu Santo y por El amamos a Dios con todo el corazón, con todo nuestro ser, con todas nuestras fuerzas y amamos al prójimo como a nosotros mismos. Donde falta amor falta todo, falta Dios y el espíritu Santo no puede dar frutos en nosotros.

El Gozo

Cristo y nuestra fe incondicional en El, es el origen del gozo de todos los cristianos por encima de las circunstancias de la vida. Cuando Dios está en nuestras vidas experimentamos el mayor  gozo o alegría, sabemos que nunca nos abandonara y que nuestra vida está en sus manos.

La palabra gozo significa alegría, regocijarse, estar lleno de gozo. Este don, este sentimiento en términos bíblicos, es una expresión de la alegría de nuestras almas y de nuestras creencias en Nuestro Señor.

Jesucristo, es el que mejor conoce la palabra gozo y puede trasmitirla a cada uno de nosotros. Como siente amor por su padre lo expresa y hace las cosas que le agradan nos enseña como vivir con gozo en nuestras vidas. El cultivar la fe, el trasmitir el mensaje del Padre, hace que Jesús nos muestre el gozo de múltiples formas hacia nosotros.

El gozo, en términos bíblicos, es en sí una expresión del alma, una sucesión de nuestra fe, de nuestras creencias. El gozo es un sentimiento  de buena fe y basándonos en el bien, es de los más puros sentimientos. A través del gozo descubrimos la voluntad de Dios, nos sacrificamos por él y somos testimonio de nuestro señor Jesucristo.

La Paz

La paz es unos de los frutos que se alcanza a través del amor en Cristo. Esta bendición proviene de la relación con Dios mediante la cual se obtiene la paz interior que no va a depender de las circunstancias que nos rodea sino que depende de nuestra confianza que el Señor siempre está con nosotros.

La paz en hebreo es Shalom (שלום ), y significa también: bienestar, salud, armonía, calma y tranquilidad. Para los judíos es una forma de saludo o de despedida pero en la biblia en diversos pasajes se usa para desear bienestar entre las personas  o entre Dios y el hombre.

Nuestro Señor Jesucristo utilizo la expresión Shalom aleichem, y significa “la paz sea con vosotros”.  Jesús nos trajo paz  y seguir sus pasos llena nuestras vidas de gozo y paz interna, que nos permite enfrentar las distintas circunstancias de la vida con la confianza de que no estamos solos y Él siempre nos cuida.

En este versículo Jesús nos dice “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”(Juan 14:27), para alcanzar esta paz tenemos que amar a Dios y permitir que el Espíritu Santo habite en nuestro ser y seamos fieles en nuestros pensamientos y acciones a Dios nuestro Señor, solo así conseguiremos la alegría y la perfección de la paz que viene de Dios

La Paciencia

La virtud de la paciencia, como un fruto del espíritu santo,  nos permite enfrentarnos a cualquier situación con confianza y tranquilidad sin que la tristeza y el desánimo nos agobien. Con paciencia somos capaces de superar situaciones adversas sin quejarnos y entendiendo que las pruebas y circunstancias nos hacen más fuertes, aprendemos y demostramos nuestra confianza plena en Dios, entendiendo y aceptando que él sabe lo que es mejor para nosotros según su propósito.

Las sagradas escrituras nos dicen:

“Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, a los cuales él ha llamado de acuerdo con su propósito”.

Juan 8:28, aceptar y entender esto es confiar en Dios y permitir que el espíritu santo siembre en nuestros corazones la paz y la confianza en Dios.

La Benignidad

Esta virtud nos muestra la capacidad que tenemos  al ser misericordiosos y benevolentes con nuestros semejantes, aun cuando alguien haya cometido una ofensa contra nosotros. A través de la benignidad somos capaces de entender y de perdonar los errores nuestros y de otros, dándonos la oportunidad de superarlos  y de corregirlos.

Las sagradas escrituras nos piden que tengamos benignidad y mansedumbre, para arrepentirnos, perdonar y tener nuevas oportunidades en la vida. Cuando el Espíritu Santo obra en nosotros somos capaces de ser indulgentes, amables y tratamos a los demás con respeto y gentileza. Somos justos cuando la situación lo exige y tenemos capacidad de perdón.

La palabra benignidad viene del griego «jrestótes» que  significa bondad, amabilidad, excelencia del carácter y el adjetivo “jrestos” que significa benévolo.

Cuando somos benignos tenemos tranquilidad en el carácter y en el espíritu y este tributo se relaciona con la misericordia de Dios que crece en nuestros corazones y que permite que el Espíritu Santo guie nuestro comportamiento y sirvamos a los demás con bondad y alegría.

La Bondad

La bondad es el sexto fruto del Espíritu Santo; ésta se asocia con la justicia y la verdad y está muy unidad a la benignidad, siendo manifestaciones de un mismo fruto.  El amor de Dios nos pide y nos impulsa a ayudar a los otros; aquellos que carecen de cosas materiales y espirituales, mostrando y enseñando la palabra y obra del Señor en nuestras acciones y nuestro trato con los demás.

El amor de Dios es infinito y quienes siguen sus preceptos y sus enseñanzas ayudan al hermano, al compañero y al extraño que lo necesita, demostrando amor y respeto por ellos. La bondad entonces es una virtud necesaria en los cristianos, guiados por el Espíritu Santo.

La palabra bondad traducida del griego significa: benevolencia, bondad, rectitud; es una característica del ser humano bueno. Un cristiano debe tener bondad en su corazón, en su accionar y demostrar con hechos su generosidad y bondad. Esta virtud nos permite el perdón y el arrepentimiento.

La Fe

La fe significa fidelidad, confianza, honestidad, lealtad y es una virtud que caracteriza al cristiano. Como fruto del espíritu santo la fe no es solo la creencia en Dios por sobre todas las cosas sino su fidelidad, su ética, una persona fiel a sus promesas y compromisos, consigo mismo y con los demás.

La fe es alegría y gozo, es la fuerza que acerca al hombre a Dios y permite su salvación y que sus dones a través del Espíritu Santo den fruto en su corazón y en su vida. Las sagradas escrituras revelan que sin fe es imposible agradar a nuestro Señor, siendo la fe  certeza de lo que se espera y  convicción de lo no se ve (Hebreos 11:1)

La Mansedumbre

La palabra mansedumbre proviene del griego “prautes” y significa: amabilidad, gentileza, afabilidad, amistad. Esta virtud nos impulsa a tratar a los demás con ternura, sin altanería y se opone al enojo, la ira o la venganza por alguna ofensa recibida.

Esta virtud o fruto del Espíritu Santo permite cambiar la ira y sus efectos por amabilidad y gentileza, pero también ayuda a soportar el comportamiento desagradable, el resentimiento o cualquier acción violenta de los demás y nos permite ser más asertivos y compasivos ayudando al otro.

La mansedumbre no es debilidad, es una actitud interior de entereza  y fortaleza en Dios, de saber que solo con amor conseguiremos transformar al prójimo y cambiar nuestro entorno para el bien de todos, siguiendo el ejemplo y las enseñanzas de Jesucristo. Los mansos no caen ante las situaciones difíciles o adversas pues aceptan las situaciones con sabiduría y confiando en los propósitos de Dios.

La Templanza

La templanza es la última virtud de los frutos del Espíritu Santo pero no la menos importante pues a través de este don,  aprendemos a dominar nuestro carácter, a controlar nuestros pensamientos, nuestras debilidades y a crecer como personas y como cristianos en el amor a Cristo, reflejándose esto en nuestras vidas con nuestro accionar y ejemplo.

Templanza proviene del griego” engkateia” que significa el control  o dominio de uno mismo. Y es una de las virtudes que moldea nuestro carácter y voluntad para ser mejores, para controlar nuestras pasiones e impulsos y para crecer espiritualmente quitando el lastre del pecado de nuestras vidas.

Cuando fortalecemos nuestro carácter no importa las presiones externas si estas van en contra de nuestros principios y valores, por eso la templanza es una virtud que crece junto con nuestro amor y fe a Dios. Con ella podemos alcanzar nuestras metas y hacernos dueños de nuestra vida para hacer siempre el bien y ayudar a los demás sin más propósito que agradar a Dios nuestro Señor

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