El Hijo Prodigo, Arrepentimiento y el Amor del Padre

La Parábola del Hijo Pródigo es uno de los pasajes más hermosos que podemos hallar en el evangelio de Lucas. Nos brinda una ilustración sobre el materialismo, la debilidad, el perdón y la redención, además de una gran lección de amor. La misericordia, tal como Cristo nos la ha presentado en la parábola del hijo pródigo, tiene la forma interior del amor, que en el Nuevo Testamento se llama agapé. Con esta parábola, Jesús muestra a los fariseos y a los doctores de la ley que es más importante para Dios un pecador que se arrepiente que un grupo que se siente justo. La Biblia dice que hay alegría en el cielo cuando un pecador se arrepiente.

Relato de la Parábola

Lucas se centra en la misericordia de Dios hacia los pecadores, y lo hace con tres parábolas: la oveja perdida, la moneda perdida, y el hijo perdido.

Lucas 15, 1-3 En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: «Ã‰se acoge a los pecadores y come con ellos.

Jesús rodeado por un lado de cobradores de impuestos y de otros pecadores, y por otro, de fariseos y de maestros de la Ley. Los primeros se acercan a Jesús para escucharlo, los segundos para criticar su conducta de acercamiento a los pecadores.
Jesús les propone una parábola donde aparecen tres personajes, un padre y sus dos hijos, que representan, cada uno de ellos, una personalidad real: los pecadores, los maestros de la ley  y Jesús mismo.

El padre era un hombre rico, que toda su vida había trabajado fuertemente hasta acumular una gran riqueza, tan grande que aún y cuando el hijo menor le pide que le entregue la parte que en herencia le corresponde, sigue teniendo abundantes bienes.  Era un hombre generoso, pues los jornaleros nunca les falto nada tenían pan en abundancia.

En el hijo menor vemos el hijo que fue educado con principios y consejos sabios, se notará esta educación cuando después del sufrimiento y el hambre, producto de su mala cabeza, vengan la pena y la culpa por haber fallado a su padre, y a pesar de ello, toma muchas malas decisiones. El hijo mayor fue educado al igual que el menor, con sabiduría y esmero, se le enseñó a trabajar y a administrar la riqueza. Este hijo, aunque ha sido obediente y no ha hecho algo para que su padre sufra, sí tendrá que aprender una gran lección.

Los dos hijos son malos, se habla mayormente de la vida disoluta del hijo menor, pero se desatiende la situación no menos grave del hijo mayor. El hijo menor, porque se aparta del padre y desperdicia una buena parte del patrimonio familiar, con una clara actitud de irresponsabilidad, sus pecados eran más evidentes, borrachera y fornicación. El hijo mayor porque, aunque manteniéndose cerca del padre, desprecia a su hermano pequeño y no quiere compartir con él, sus pecados eran la soberbia y el orgullo.

Ambos de malos sentimientos, con un corazón enfermo, lleno de soberbia y venganza. Pero existe una diferencia marcada entre ambos, mientras que el hijo pequeño es capaz, movido por el hambre y la necesidad, de darse cuenta de la situación que vive, el mayor es incapaz de hacerlo por su autosuficiencia.

El padre es el personaje central, respeta las reclamaciones de su hijo menor y lo deja hacer lo que él quiere, pero luego, cuando ve que retorna se conmueve, sale a su encuentro y lo rehace en la dignidad de hijo y heredero. Pero también debe salir al encuentro del hermano mayor que no quiere entrar en casa y lo mueve a reflexionar.

Arrepentimiento

La enseñanza central de este pasaje, es el comportamiento y actitud del padre, aquí es donde inicia la gran lección de amor que Jesús quiere comunicar  (Lucas15, 20-25)

Se levantó y vino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.  Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”. Pero antes que el muchacho terminara de hablar, el padre llamó a los sirvientes y les dijo: “¡Pronto! Traigan la mejor ropa y vístanlo. Pónganle un anillo, y también sandalias. ¡Maten el ternero más gordo y hagamos una gran fiesta, porque mi hijo ha regresado! Es como si hubiera muerto, y ha vuelto a vivir. Se había perdido y lo hemos encontrado. ”Y comenzó la fiesta.

El hijo arrepentido va hacia su Padre, pero finalmente es el padre el quien corre hacia su hijo, impulsado por la emoción interior, esta conmoción interna que se vuelve impulso de búsqueda, de misericordia, puesto que el hijo nunca se le ha salido del corazón, así como una madre lleva a su hijo en su útero.

La misericordia, piedad y compasión reconstruye la vida del otro:

1) El padre que corre al encuentro de su hijo primero lo abraza, el padre se humilla más que el mismo hijo, sin esperar explicaciones, no le pide purificación previa, ni toma distancia sino al contrario, lo impulsa una gran e inmensa cercanía sin importar que está sucio, para él es simplemente su hijo y ha vuelto.

 2) Lo besa, siendo este acto la expresión del perdón paterno, y es de hacer notar que el perdón se ofrece antes de la confesión de arrepentimiento del hijo.

 3) Le manda a poner el mejor vestido, con esta acción el padre le restituye su dignidad de hijo y le confirma sus antiguos privilegios, el vestido viejo, su pasado, sus vivencias quedan atrás, no es necesario saber que lo motivo a tomar esta actitud.

 4) Le manda a poner el anillo, el cual formaba parte de las insignias reales y con él se sellaban las grandes transacciones, es un gesto extraño para con un hijo derrochador de plata, pero  significa renovar la confianza, le devuelve la responsabilidad de administrar los bienes.

5) Le manda a poner sandalias, este era un privilegio de los hombres libres, incluso en una casa sólo las llevaba el dueño, no los huéspedes, este gesto es una delicada negativa al hijo que iba a pedir ser tratado como jornalero.

 6) Hace sacrificar el  mejor novillo, el más gordo y mejor alimentado, el animal  más cuidado, que se reservaba para alguna celebración importante en la casa, un don reservado este era el momento, era una ocasión especial, un más que Dios da y pide.

7) Convoca una fiesta, la alegría parece desproporcionada, pero el padre expone el motivo por la cual la realiza, el gran valor de la vida del hijo,  la misericordia, que se manifiesta  con alegría.

Por otra parte el hijo mayor enfrena al padre. “¡Ahora que vuelve ese hijo tuyo, después de malgastar todo tu dinero con prostitutas, matas para él el ternero más gordo!”,  aquí se nota la soberbia del hijo mayor: tu hijo, de forma despectiva, no dijo mi hermano, quizás lo considera moralmente tan bajo para nombrarlo hermano.  De la abundancia del corazón habla la boca, dice la Biblia y este hijo muestra su única preocupación: el bien material despilfarrado. No pregunta si su hermano está bien, a él solo le importa el capital perdido. El padre entonces le hace ver que todo cuanto él tiene le pertenece pues ha sido obediente y leal. Pero su hermano está vivo de nuevo y eso es digno de celebrar.

El Amor Del Padre

La misericordia, el amor del padre hacia sus hijos en esta parábola, rompe los esquemas del obrar humano; difícilmente nosotros haríamos como él hace. Por eso es imagen de Dios, Padre misericordioso, dispuesto a salir al encuentro de todos, porque todos somos pecadores y necesitamos del perdón de Dios. Constituye una invitación a celebrar el sacramento de la Reconciliación y a poner nuestra vida de pecadores en manos de nuestro Padre del cielo, rico en perdón. A los que cumplen la ley se les da lo que se les ha prometido, no por mérito sino por gracia, pero antes deben ser capaces de sentir amor y mostrar misericordia. Los escribas y fariseos estudiaban la ley y la cumplían, pese a esto Jesús les profetizó que su casa les sería quitada. La razón: la dureza de corazón.

El perdón de Dios llega a todo aquel que quiere aceptarlo, sólo que hay que entrar en la casa del padre. Señor, ayúdame a volver a Ti cada día, como lo hizo el hijo pródigo.

Meditación

Jesús nos impulsa a no detenerse jamás en la superficie de las cosas, sobre todo cuando estamos ante una persona. Estamos llamados a mirar más allá, a centrarnos en el corazón para ver de cuánta generosidad es capaz cada uno.

Nadie puede ser excluido de la misericordia y el amor de Dios, todos conocen el camino para acceder a ella y la Iglesia es la casa que acoge a todos y no rechaza a nadie. Sus puertas permanecen abiertas, para que quienes son tocados por la gracia puedan encontrar la certeza del perdón. Cuanto más grande es el pecado, mayor debe ser el amor que la Iglesia expresa hacia quienes se arrepienten y se convierten. ¡Con cuánto amor nos mira Jesús! ¡Con cuánto amor cura nuestro corazón pecador! Jesús nunca se asusta de nuestros pecados.