El auténtico amor: en qué consiste y dónde hallarlo según las enseñanzas bíblicas

El auténtico amor es el que proviene de Dios, quien desinteresadamente nos amó con anterioridad a que nosotros lo amaramos a Él, ya que nos amó previo a crearnos como criaturas de Él. Es tan auténtico y verdadero el amor de Dios hacia la humanidad que envió, hecho hombre, a su Hijo amado para que nos enseñara el buen camino y perdonar los errores cometidos por los hombres, como lo indica Juan Evangelista (Juan 4:10). Es tan profundo el amor de Dios que le concedió a los humanos la plena libertad para que se le ame o no.

Dios nos enseña que sólo puede hablarse de verdadero amor cuando además de amar a las personas por quienes se siente algún afecto, se es capaz de amar también a todos aquellos que difieren de nuestro modo de pensar y de actuar, como es el caso de quienes nos contradicen, injurian, ultrajan, denigran y critican en general; en estos casos, como lo expresa Matero (Mateo: 5: 44-45) se debe demostrar el amor, orando por ellos para que encuentran el verdadero camino hacia el Creador.

Fundamentos del amor verdadero

Se tiene la errónea creencia que el amor existe cuando es correspondido. Es decir que debe haber una retroalimentación entre quien da amor y quien lo recibe para que éste se convierta a la vez en proveedor de amor para el primero; esto le otorga al amor un aspecto sentimental.

El verdadero amor se fundamenta en la entrega hacia otro sin esperar nada a cambio. De allí que los textos bíblicos se refieren que el amor únicamente puede cimentarse únicamente en la verdad, en la sinceridad y en la entrega.

Para que haya un verídico amor debe descartarse y olvidar el rencor, la envidia, la injusticia, el egoísmo, el mal carácter, entre otras expresiones de negatividad, Esto permite reconocer que el amor real comprende cierto grado de sufrimiento humano y de dificultades para poder experimentarlo y trasmitirlo, ya que requiere desprendimiento y entrega.

¿Qué es realmente el amor?

Se considera que definir al amor es muy difícil; sin embargo, esta acepción es verdadera desde el punto de vista humano, existiendo algunas definiciones positivas y otras negativas y puede llegarse al extremo de quien niega la existencia del amor. Esto último es incomprensible porque con ello se niega la existencia de Dios.

La Biblia nos enseña que Dios es amor (Juan 4:8); siendo así, el amor real puede ser definido con todas las bondades y características que sabemos que posee Dios. En pocas palabras y de forma limitada, se puede decir que el amor es entrega, bondad, paciencia, sabiduría, comprensión, desprendimiento, solidaridad y confianza, entre infinidad de otras características.

El verdadero amor es un compromiso consiente y voluntario de entrega, independiente de las emociones y sentimientos, sin buscar el beneficio propio y sin esperar nada a cambio, a excepción del acercamiento al Creador.

¿Dónde conseguir el auténtico amor?

El amor verdadero se encuentra a nuestro alrededor, en nuestro propio entorno; en otras palabras, se encuentra en nuestro prójimo. Las manifestaciones de amor hacia el prójimo permiten hallar el verdadero amor, ya que a través de ese amor amamos a quien nos dio la vida. Es inconcebible manifestar que se ama a Dios pero que se odia a alguna persona; porque no es posible amarlo despreciando una criatura por Él creada. Dios nos insta a amarlo a Él y amar al prójimo. De allí que se concluye que quien ama a Dios, en consecuencia ama también a sus semejantes.

El auténtico amor se encuentra en el interior de cada quien, al tener la firme convicción y voluntad de entender a los demás para comprender el proceder de cada quien, sin que lo justifiquemos si su conducta es errónea; por el contrario, se expresa todo el amor posible orando a Dios por dicha persona.

Expresiones del amor verdadero

El amor auténtico se puede manifestar cuando internamente sentimos el amor de Dios. Esto permite que todas las bendiciones que Él nos otorga sean trasmitidas a quienes comparten nuestras vidas, ya que si no tenemos amor no podemos darlo.

Una vez que nuestros corazones se abren a Dios y permitimos que nos inunde de amor, nuestro carácter se modifica y con esto mejoramos positivamente las conductas interpersonales.

Cuando permitimos que Dios nos ame, recibimos el perdón de nuestras faltas y esto nos capacita para aprender a perdonar las faltas del prójimo y poder manifestarle nuestro amor, a pesar de los defectos humanos que pueda tener.

La máxima expresión de verdadero amor fue la presencia de Jesucristo en la Tierra, ya que por medio de sus padecimientos y resurrección ejerció el perdón y remisión de los pecados de la humanidad para ofrecernos el disfrute de una eternidad a su lado. Esto lo hizo por amor, sin haber recibido ni esperado nada a cambio.

Realidades del amor humano

Entre los humanos se da por descontado que cuando se habla de amor se refiere al amor romántico. Se debe entender que este es solo una de las manifestaciones de amor existentes en la humanidad. Entre otros, están el importante amor filial, el amistoso y el laboral. Se debe llegar al amor humano sin que exista una necesidad previa, ni premeditaciones, ni condiciones de dependencia; para esto es necesario que cada quien se valore sinceramente a sí mismo y tenga conciencia que para amar a otro debe amarse primero él. Todo verdadero amor está basado en lo que se entrega y no en lo que se recibe, así como en la confianza, en la libertad, en el respeto y en el desarrollo emocional de cada persona.

En el caso del amor romántico es importante el propender a objetivos comunes, bien pensados y factibles, sin establecer condiciones unilaterales de supremacía; en este aspecto nunca debe permitirse muestras de maltratos, engaños, ni manipulación de los valores espirituales. Todas estas características siempre son vulnerables de no ser reconocidas, lo cual le confiere al amor humano la debilidad de ser finito, al ir desapareciendo las ilusiones y promesas con las cuales se inició.

Lo anterior marca la gran diferencia que hay entre el amor verdadero y el amor humano. Este último, a pesar que se le tenga como verdadero, adolece de las imperfecciones que como humanos se tienen y con los errores que se cometen, tiende a no ser duradero en el tiempo. Mientras que el verdadero amor, establecido entre la humanidad y el Creador, si es bien alimentado por parte de los hombres, cada día se fortalece y crece más, ya que el amor de Dios es infinito.