Bendiciones para el que obedece a Dios

Cuando se bendice se están deseando que Dios otorgue las mejores condiciones y acciones para quien recibe esa bendición. Bendecir es una forma de glorificar, alabar, honrar o enaltecer al Ser Supremo y la vez rogar y suplicar en favor de la persona a quien va dirigida la bendición o de un objeto o institución susceptible de ser bendecido.

Por su parte, la obediencia no es algo innato en las personas, es una cualidad que se debe aprender, que se debe aceptar y se debe practicar. Obedecer no es una condición fácil ya que implica cierto grado de sumisión; depende de nuestra voluntad y de nuestro deseo de acatar lo que se nos exige. La obediencia lleva implícito el reconocimiento de la superioridad de otro y es importante para el mejor desenvolvimiento de la vida porque a través de ella se da cumplimiento a actividades de forma ordenada y beneficiosa para todo un conjunto de personas.

bendiciones por obediencia

Si la obediencia es importante desde el punto de vista solamente humano, no hay duda de su trascendencia en asuntos divinos, por eso el gran significado que tiene obedecer a Dios, quien es el ser de mayor supremacía y jerarquía que existe y a quien nos debemos en todos los aspectos.

Obedecer a Dios

Obedecer a Dios es acatar sus exigencias o requerimientos que de manera general están contenidos en las conocidas Tablas de la Ley; y de forma particular lo están en el plan que Él tiene desde siempre para cada uno de nosotros. Obedecer, al contrario de lo que muchos creen, es muy fácil, porque obedecer es decirle: te amo y te reconozco como Padre.

La obediencia a Dios permite enfrentar las dificultades con paciencia y en espera que se cumpla la voluntad de Él, quien en retribución de nuestra obediencia nos llenará de bendiciones para superar los problemas.

¿Cómo obedecer a Dios?

De manera directa o indirecta, en la Biblia se encuentran las normas para obedecer al Señor y de forma práctica los testimonios de Jesús son el mejor ejemplo, ya que aun siendo Él Dios, demostró su sumisión al Padre, obedeciéndole en todo momento.

  • Con amor: Para obedecer a Dios es fundamental declarar y hacer realidad nuestro amor hacia Él, porque como dice Mateo (Mateo 22: 37-40):

“El amor a Dios se expresa a través de la obediencia”.

Esto significa que amor no comprende sólo un afecto, es hacer todo de acuerdo a lo exigido por quien amamos, es hacerlo correctamente sin perjudicar al prójimo.

  • Cumpliendo su voluntad: La obediencia implica saber que Dios rige todos nuestros actos en la vida desde nuestro compartir familiar hasta nuestras relaciones en la sociedad. Por eso todas nuestras actividades deben depositadas en los planes de Dios, dándole la mayor importancia a lo que Dios piensa de nosotros que a lo que la gente pueda pensar o decir.
  • Se debe vivir sin reservas: Cada día y todos los días se le debe entregar todo a Dios. Entregarle nuestro cuerpo, nuestra alma, nuestro corazón y nuestros actos al Creador, como demostración de nuestra disposición a imitarlo y a servirle como nuestro Ser Supremo (Efesios 6: 7).
  • Ser personas espiritualmente productivas: Teniendo a Jesús presente antes de hacer cualquier actividad se está glorificando a Dios; por este medio se recibe la bendición divina y se actúa de acuerdo a los planes divinos. Para ello se debe poner todo el esfuerzo posible en entrenarse en el crecimiento para la comprensión de la Palabra de Dios; de esta manera se logra un mayor acercamiento a Él y la vida espiritual dará buenos frutos para ofrendar al Señor (Corintios 10: 31).

Resultados de la obediencia a Dios

Gracias a la obediencia a Dios recibimos en retribución bendiciones divinas que tienen, entre otros resultados, la renovación del cuerpo y la reconfortación espiritual. Se debe tener siempre presente en la mente todas las bondades y beneficios que Dios nos ha dado; de esta manera, cuando aparecen contrariedades y conflictos, se debe hacer uso de esa fortaleza espiritual concedida por Dios, recordando todas las cosa buenas que Dios nos ha concedido en demostración de su infinito amor. De esta manera renovamos nuestras fuerzas sintiéndonos capaces de superar los problemas con la ayuda de Dios, apoyados con su incondicional fidelidad (Hebreos 13: 18)

Por medio de la obediencia a Dios se le llega a conocer plenamente, nos parecemos más a Él y su presencia se hace real para quien le obedece. Sin embargo, somos incapaces de imaginar lo que Dios tiene reservado para cada quien y eso puede hacer humanamente incomprensible la importancia de lo que Él nos pide. Esto puede hacer que deseemos modificar lo que se nos exige, o tratar de hacerlo a nuestra voluntad, o dejarlo para después o sencillamente no hacerlo; esto constituye un grave e importantísimo error, porque con ello impedimos que Dios nos bendiga y desviamos los buenos deseos y el destino correcto que Dios le tiene reservado a cada quien.

Bendiciones recibidas al obedecer a Dios

Cumpliendo los mandatos del Señor recibimos infinidad de bendiciones que a su vez nos hace responder a Él con gratitud y alabanzas, actitud que debemos repetir continuamente a cada momento y no sólo cuando le necesitamos. En estos momentos difíciles, los creyentes no deben afligirse y quejarse ante Dios, por el contrario debe tener presente las bendiciones previamente recibidas para pedirle a Dios misericordia y nuevas bendiciones, tal como lo hizo David en sus últimos años de vida alabando a Dios por sus bondades (Salmo 103).

Con las bendiciones de Dios se obtiene la seguridad del justo. La verdadera seguridad se obtiene cuando se obedece a Dios y la palabra de Dios es motivo de satisfacción. Desafortunadamente, se vive en un medio que invita a pecar, imitando a los que van por caminos errados porque aparentemente son más fáciles y dan satisfacciones terrenales, en esos momentos se debe alabar a Dios por sus bondades y recordar que el pecado no trae felicidad (Salmo 103).

Otro aspecto beneficioso de las bendiciones divinas es que Dios hace que el justo prospere espiritualmente con la ayuda del cuidado del Creador, responsabilizándose de cubrir todas las necesidades y otorgando bendiciones espirituales, entre estas la paz, el bienestar y la dicha.

Las bendiciones también nos hacen partícipes de la justicia de Dios, otorgando su perdón a quien se arrepiente de los actos indebidos cometidos; mientras que no deja sin castigo al que se acoge al pecado. Se debe pensar que las bendiciones al obedecer a Dios traen mayores beneficios que las ventajas pasajeras del pecado (Salmo 1: 6).

El perdón de los pecados y la sanación física son obtenidas también como beneficio de las bendiciones de Dios, al cubrir de amor y misericordia a quienes piden o reciben sus bendiciones. Al recibir el perdón de los pecados, que es el obsequio principal que Dios nos da, se siente un cambio profundo en nuestras vidas, el espíritu al reconocer que ha sido perdonado por Dios, se reconforta y de manera voluntaria permite que Dios dirija su vida y que lo trasforme para tener una bendecida eternidad (Salmo 103: 3-7).

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