5 Versículos sobre la importancia que dios da a los niños

Los niños son la bendición y la representación más pura de lo que es el amor, lo que más atrae de estos pequeños seres, es su capacidad para sorprenderse con todo y su inocencia respecto a la vida.  Quien tiene hijos o sobrinos, comprende que no hay tarea más laboriosa y más enriquecedora que la crianza de un niño. Y es por esta razón que Dios es tan selectivo a la hora de enviar sus ángeles a este mundo.

Si los niños pudieran contar siempre con padres cariñosos, un hogar estable y buenos amigos, ¡que maravilloso seria el mundo de los niños! Lamentablemente, hay muchos que no tienen esa bendición.

A continuación les presento algunos versículos  que relatan cuan especiales son los niños ante la mirada de Dios.

Dejad a los niños, y no les impidáis que vengan a mí, porque de los que son como éstos es el reino de los cielos.

Mateo 19:14

Los niños fueron una prioridad para el Señor cuando estuvo en la tierra y siguen siendo prioridad, los puso como ejemplo de humildad a los discípulos. Pues en este ser tan maravilloso, tan frágil e inocente se esconde, tal gracia y belleza, que dios regala a todos sus hijos. Un niño cuando es niño no siente temor, no siente egoísmo, no tiene envidia, es juguetón, risueño, alegre, divertido. Si un ser tan frágil, es formado o educado con malos ejemplos, ese niño se alejará de esa gracia que Dios regalo en su nacimiento, de acá parte la importancia de sentirnos comprometidos como padres como formadores y educadores de nuestros hijos. Como bien lo dice la escritura, de ellos es el reino de los cielos, pues que los niños son seres puros que no tienen pecado porque no tienen discernimiento ni conocimiento acerca del bien o del mal.

En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos. Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe”.

Mateo 18:1-5

Jesús en su peregrinar acompañado de sus apóstoles, deja ver claramente que para agradar a Dios y tener acceso al padre celestial, no se requería, de ser el más sabio, rico, más hermoso, más fuerte, bajo o alto, rubio, piel oscura, entre otras… Dios sólo pide humildad, la sencillez, la capacidad de perdonar, el no poner tropiezo, entre otras cosas. Un niño tiene pequeñas manos. Todo le queda enorme, en todas las sillas sus pies quedan colgando. Pero es feliz aunque no tenga el control de todo. Mejor todavía,  su felicidad consiste en que no quiere controlarlo todo. El niño vive para recibir, para descubrir, para sorprenderse. La grandeza de un niño no está en su poder sobre cosas y personas; más bien él es libre de este deseo de gobernar su mundo. Cuando sentimos que nuestras manos son pequeñas, que no podemos agarrarlo todo y dirigir las circunstancias… ésta es la oportunidad para ser niños de nuevo, poniendo nuestra confianza en Dios.

Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él»

Proverbios 22:6

Los hijos son una bendición y debemos enseñarles el camino que deben seguir para cuando sean grandes, la mejor forma de enseñar o educar es con el ejemplo, los niños son como una esponja, absorben todo de la sociedad que los rodea, sin distinguir lo bueno y lo malo, por eso es nuestro deber como padres estar allí apoyándolos y enseñando con el ejemplo, todo lo que nosotros logremos enseñar a nuestros hijos de niños, ellos lo repetirán con sus hijos.

Dios desea que le amemos desde nuestra niñez, que conozcamos su vida, sus escrituras. Los padres somos responsables de enseñar a nuestros hijos a amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas. Esto se hace mejor con el ejemplo. Si ellos ven que nuestro amor a Dios y el deseo de agradarle son la base de nuestras acciones, aprenderán a vivir una vida que glorifique a Dios.

Es importante que como padres oremos con nuestros hijos, que leamos la palabra de dios en familia, enseñando a nuestros hijos el camino del bien, lo correcto, lo justo y la importancia de la familia. En la medida en que ellos van creciendo, sabrán enfrentar las vicisitudes y retos que se le presenten, siempre recordando lo aprendido de niño. Porque bien dice el refrán, si el árbol cuando es pequeño su ramas van torcidas, jamás de grande se enderezaran. Así son nuestros hijos, debemos corregir y educar de niños, pues ya de grandes será muy difícil lograr que cambien sus decisiones.

5 Amarás al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza.

 6 Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón;

 7 y diligentemente las enseñarás a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes.

Deuteronomio 6:5-7

 Todos los padres de familia, tenemos que desarrollar una relación dedicada a Dios, como padres debemos primeramente amar a Dios sobre todas las cosas, mostrando de esta manera a nuestros hijos el gran amor que sentimos por Él. La razón de esto está, en que no podemos enseñar lo que no sentimos o tenemos. Muchos padres no comprenden que en un matrimonio constituido, con valores espirituales, brinda estabilidad a la vida de un niño. Si la familia está fundamentada en valores morales y espirituales, con Dios como su pilar fundamental, ellos pueden construir una base espiritual sólida y duradera que es vital para la educación exitosa.

3 Los hijos son una herencia del Señor, los frutos del vientre son una recompensa.

4 Como flechas en las manos del guerrero son los hijos de la juventud.

5 Dichosos los que llenan su aljaba con esta clase de flechas.

No serán avergonzados por sus enemigos cuando litiguen con ellos en los tribunales.

Salmos 127:3-5

 Nuestros hijos son la mejor inversión y el mejor tesoro que debemos garantizar, pues serán ellos quienes den la cara por nosotros en nuestra vejez. Un hijo agradecido de su crianza y los valores inculcados por sus padres, serán jóvenes guerreros que nunca avergonzaran ni se sentirán avergonzados de sus formadores.

Como padres, somos responsables en la conducción y formación de nuestros hijos. Hay una tarea que es ineludible. Hay una responsabilidad que no es transferible a nadie más. Como padre tengo que reconocer mi trabajo en hacer de mi hijo un hombre o una mujer que no se avergüence de mí cuando tenga que dar cuenta de su conducta y de su formación.